
Serán ceniza...
Cruzo un desierto y su secreta
desolación sin nombre.
El corazón
tiene la sequedad de la piedra
y los estallidos nocturnos
de su materia o de su nada.
Hay una luz remota, sin embargo,
y sé que no estoy solo;
aunque después de tanto y tanto no haya
ni un solo pensamiento
capaz contra la muerte,
no estoy solo.
Toco esta mano al fin que comparte mi vida
y en ella me confirmo
y tiento cuanto amo,
lo levanto hacia el cielo
y aunque sea ceniza lo proclamo: ceniza.
Aunque sea ceniza cuanto tengo hasta ahora,
cuanto se me ha tendido a modo de esperanza.
J. A. Valente
"A modo de esperanza"
(Valente, 2006: 69)
Pero “Serán ceniza...”, obvia cita de los versos quevedianos sobre el amor constante más allá de la muerte –“Serán ceniza, más tendrán sentido, / polvo serán, más polvo enamorado”- muestra también el magisterio formal de Quevedo, con quien entronca la intensa y clara sobriedad y la rotunda y concisa precisión de toda la obra, compuesta por poemas libres y breves, siempre en busca de la máxima expresividad con el mínimo artificio verbal.

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